jueves, 22 de enero de 2015

Verdadero Amor.

 
Aportacion de: Ben Ayala
 
Original de: Cindy Hess Kasper

Hace unos años, a la madre de una amiga mía le diagnosticaron la enfermedad de Alzheimer. Desde entonces, Isabel se ha visto obligada a tomar decisiones difíciles sobre su cuidado, y a menudo se le rompe el corazón al ver que su vibrante y divertida mamá va perdiéndose lentamente. Durante el proceso, mi amiga ha aprendido que el amor verdadero no siempre es fácil ni conveniente.

El año pasado, después que su madre fue hospitalizada durante un par de días, Isabel le escribió estas palabras a algunos de sus amigos: «Aunque parezca raro, estoy muy agradecida por la travesía que estoy viviendo con mi madre. Detrás de la pérdida de la memoria, la confusión y la total impotencia, hay una persona hermosa que ama la vida y está en completa paz. Estoy aprendiendo muchísimo sobre lo que significa el amor verdadero, y aunque probablemente no hubiera pedido atravesar esta situación ni las lágrimas y el dolor de corazón que la acompañan, no lo cambiaría por nada».

La Biblia nos recuerda que el amor es paciente y bondadoso. No busca lo suyo ni se enardece con facilidad. «Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Corintios 13:4-7).

El amor verdadero se originó con nuestro Padre, quien nos dio el regalo de su Hijo. Al procurar mostrar su amor a los demás, podemos seguir el ejemplo de Cristo, quien entregó su vida por nosotros (1 Juan 3:16-18).
Amar de verdad es ayudar a otros en nombre de Jesús 
aunque no puedan devolver el favor.
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miércoles, 21 de enero de 2015

Señalar hacia Dios.


Acuérdate de tu Creador […] antes que vengan los días malos… —Eclesiastés 12:1

La primera línea del himno nacional de Ghana dice: «Dios bendiga nuestra tierra». Otros himnos africanos incluyen: «Oh, Uganda, que Dios te sostenga»; «Señor, bendice nuestra nación» (Sudáfrica); «Oh, Dios de la creación, dirige nuestra noble causa» (Nigeria). Los fundadores de algunas naciones utilizaban los himnos como oraciones, en las que invocaban a Dios para que bendijera su tierra y a su pueblo. Tanto en África como en otros países, los himnos señalan a Dios como el Creador y Sustentador. También incluyen frases que invitan a la reconciliación, la transformación y la esperanza de pueblos frecuentemente divididos por cuestiones étnicas, políticas y sociales.



Pero hoy, muchos líderes y ciudadanos tienden a olvidarse de Dios y vivir ajenos a estas declaraciones; en especial, cuando las cosas andan bien. Pero ¿por qué esperar que se produzcan guerras, enfermedades, tormentas, ataques terroristas o violencia antes de acordarse de buscar a Dios? Moisés les advirtió a los israelitas que no se olvidaran de Dios ni dejaran de seguir sus caminos cuando les iba bien (Deuteronomio 8:11). Eclesiastés 12:1 nos exhorta: «Acuérdate de tu Creador […] antes que vengan los días malos».

Acercarse a Dios cuando estamos fuertes y saludables nos prepara para descansar en Él cuando lleguen los «días malos» y necesitemos ayuda y esperanza.


               Recordar a nuestro Creador 
           puede ser nuestro himno personal.
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martes, 20 de enero de 2015

Las palabras de Jesús nos inducen a actuar.

Ningun hombre hablo como este Hombre - Juan 7:46


Un congresista de los Estados Unidos de América tenía 23 años cuando participó en la histórica «Marcha a Washington» en 1963, encabezada por el Dr. Martin Luther King Jr., en defensa de los derechos humanos. Cincuenta años después, un periodista le preguntó a aquel parlamentario qué efecto le había producido en esa ocasión el discurso del Dr. King, Tengo un sueño. Respondió: «Después de escucharlo hablar, era imposible irse y volver a las actividades como de costumbre. Había que hacer algo; ponerse en acción. Moverse. Uno tenía que salir y comunicar la buena noticia».

A muchos de los que se encontraron con Jesús les resultó imposible permanecer neutrales en cuanto a su Persona. Juan 7:25-46 registra dos reacciones ante el Señor: mientras «muchos de la multitud creyeron en él» (v. 31), los líderes religiosos intentaron hacerlo callar, enviando guardias al templo para que lo arrestaran (v. 32). Es probable que estos hayan estado presentes cuando Jesús dijo: «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva» (vv. 37-38). Cuando los guardias volvieron sin Jesús, les preguntaron: «¿Por qué no le habéis traído?» (v. 45). Ellos respondieron: «¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!» (v. 46).

Las palabras de Jesús nos inducen a actuar y a movilizarnos más allá de lo habitual.


           La sangre de Jesús perdonó mis pecados pasados 
                        y hoy me inspira a obedecer.
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