miércoles, 1 de julio de 2015

Tres grandes principios respecto al dinero y a las posesiones!




1. Dios es el dueño de todas las cosas.

2. Todas las cosas vienen de Dios.

3. Todo le pertenece a Dios.


La Biblia dice que somos los “administradores” de Dios. Un administrador es uno que maneja el dinero o las propiedades que pertenecen a otra persona. Como administradores de Dios somos responsables ante Él por la forma en que manejamos lo que Él nos ha encomendado.

En esta enseñanza aprenderemos cómo podemos ser buenos administradores, especialmente en el asunto de ofrendar. Aprenderemos como podemos usar el dinero para hacer “amistades eternas”.

La Enseñanza del Antiguo Testamento Respecto a Ofrendar Cuando Dios sacó a Su pueblo de la esclavitud de Egipto y lo trajo a Canaán, les dio una tierra rica y fértil. De todo lo que cosechaban en esta buena tierra, Dios pedía que le dieran la primera décima parte. Esto se llamaba “el diezmo”. La palabra diezmo significa “la décima parte”.

El propósito del diezmo era recordar a la gente que todas las cosas son propiedad de Dios y enseñarles a poner a Dios primero en sus vidas. Dios es sumamente generoso. Les permitió quedarse con nueve décimos de todo lo que cosechaban, pero el diezmo, la primera décima parte, pertenecía a Él. La Biblia dice:

Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová (Levítico 27:30).

Además de sus diezmos, el pueblo de Dios daba ofrendas voluntarias. Los diezmos y las ofrendas se entregaban a los sacerdotes de Dios. Este fue su modo de ganar la vida, ya que no tenían tierra propia. Dios dijo a Su pueblo que trajeran sus diezmos y ofrendas cuando vinieran a adorarle. Dios dijo:

Y ninguno se presentará delante de Jehová con las manos vacías; cada uno con la ofrenda de su mano, conforme a la bendición que Jehová tu Dios te hubiere dado (Deuteronomio 16:16–17).

Dios estaba enseñando a Su pueblo a ofrendar. Cuando ellos daban libremente a Dios, Dios les daba cosechas abundantes. La Biblia dice:

Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos; Y serán llenos tus graneros con abundancia (Proverbios 3:9–10).

¿Fue el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento siempre fiel para entregar sus diezmos y ofrendas a Él? No, no lo fue. Dios dijo: ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas (Malaquías 3:8).

¿Qué sucedió cuando robaron a Dios? Quedaron bajo la mano castigadora de Él. Dios dijo: Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado (Malaquías 3:9).

Cuando el pueblo de Dios se arrepintió de su desobediencia y empezó una vez más a obedecerle respecto a los diezmos y a las ofrendas, Dios derramó Sus bendiciones sobre ellos. Dios dijo: Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probad-me ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde (Malaquías 3:10).
La Enseñanza del Nuevo Testamento Respecto a Ofrendar


Un gran principio en la Biblia respecto a ofrendar, es éste: cuando nosotros damos a Dios, Dios nos da a nosotros. El Señor Jesucristo dijo: Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo (Lucas 6:38).

Cuando Dios da, El da abundantemente. Es muy generoso. En la era de Cristo, la gente compraba a bulto su grano. Muchos vendedores vaciaban el grano en una medida, sin permitir que el comprador lo remeciera para asentarlo bien. No es así con el Señor. Él da “medida buena, apretada, remecida y rebosando”.

Él ofrendar facilita a que Dios nos dé. Mientras más damos, más nos da Dios a nosotros; mientras menos damos, menos nos da Dios. Jesús dijo: Porque con la misma medida con que medís (dan), os volverán a medir (a dar) (Lucas 6:38b).

Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento establecen la misma enseñanza: Cuando nosotros damos a Dios, Dios nos da a nosotros. Dios no es pobre; tampoco es tacaño. Le gusta darle a Sus hijos, pero debemos cumplir Sus condiciones: “Dad y se os dará”.

Dios no pide que le ofrendemos porque Él esté en necesidad de lo que tenemos. Él dice: Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; Porque mío es el mundo y su plenitud (Salmo 50:12).

Dios quiere que le ofrendemos porque Él desea que Sus hijos sean como Él. Dios es generoso y desea que nosotros seamos generosos. Otra razón por qué Dios nos pide ofrendar es para que podamos “hacernos tesoros en el cielo”. No podemos enviar al Cielo nuestro dinero, pero podemos ofrendarlo para ganar a otros para Cristo. Esto es hacerse tesoros en el Cielo.

Principios Sobre el Ofrendar

La Palabra de Dios nos presenta varios principios respecto al ofrendar:

Primeramente, entrégate a ti mismo a Dios.

La primera ofrenda que Dios quiere de nosotros somos nosotros mismos. Él orden es: primero, entrégate a Dios y en seguida, da una porción de lo que recibes de Dios. Los cristianos de Macedonia hicieron justamente eso y el Apóstol Pablo los alabó por ello.

Pablo escribió: A sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios (2 Corintios 8:5). Da como Dios te haya prosperado a ti.

En el Antiguo Testamento, Dios mandó a Su pueblo que le entregaran la décima parte de todo lo que ganaban. En el Nuevo Testamento, Dios no estableció una regla sobre cuanto debemos ofrendar. En vez de eso, la Palabra de Dios dice: Cada uno de vosotros ponga aparte algo, según (Dios le) haya prosperado (1 Corintios 16:2).

¿Qué porcentaje de nuestras entradas debemos dar? Podemos tomar el diezmo (el diez por ciento) como el mínimo de lo que debemos ofrendar, pero podríamos dar mucho más que eso. Esto depende de cuán agradecidos estemos por las bendiciones de Dios y cuán fuerte sea nuestro deseo de “hacernos tesoros en el cielo”.

El hombre de negocios cristiano, R.G. LeTourneau, acostumbraba a entregar el noventa por ciento de sus ganacias a Dios. Un día alguien le preguntó: “Señor LeTourneau, ¿es cierto que usted da el noventa por ciento de sus entradas al Señor?”

Él contestó: “No, yo no le doy nada a Dios. Todo le pertenece a Él. Yo sólo retengo el diez por ciento”.
Da sistemáticamente.

El ofrendar es un acto de adoración y no debe ser un proyecto casual. Debemos ofrendar sistemáticamente “cada primer día de la semana”, que es el día cuando vamos a la iglesia. La Biblia dice: Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado . . . (1 Corintios 16:2).

Nadie queda excluído. Ancianos y jóvenes, pobres y ricos; todos debemos participar en diezmar y ofrendar. La Biblia dice: “Cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado”. Da alegremente y con liberalidad.

Sea lo que fuere nuestra ofrenda, El Señor desea que se la demos voluntariamente y de todo corazón. Dios no quiere que ofrendemos con tristeza. La Biblia dice: Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre (2 Corintios 9:7). Da con sabiduría.

El Señor Jesús dijo que teníamos que ser“buenos y sabios administradores”. Algunos cristianos ofrendan con liberalidad, pero no son sabios al ofrendar. El dar a una iglesia u organización que NO esté predicando fielmente la Palabra de Dios, no es ofrendar con sabiduría.

Debemos tener tanto cuidado al invertir nuestro dinero para Dios, como lo tenemos al invertir en un negocio. Debemos poner el dinero donde produzca los mayores intereses espirituales.

Como Mide Dios Nuestro Ofrendar
No tienes que poseer grandes sumas de dinero para ser un gran dador a los ojos de Dios. Dios no mide nuestro dar por el tamaño de nuestras ofrendas. Él lo mide por la cantidad que damos en relación a lo que tenemos. Dios mira cuánto sacrificamos cuando ofrendamos. Según este modo de medir nuestro ofrendar, una persona pobre puede dar igual o aun más que una persona rica.

Nuestro ofrendar debe costarnos algo. En una ocasión el Señor Jesús se sentó en el templo mirando a la gente presentar sus dádivas. Algunos eran ricos y daban mucho. Entonces vino una viuda pobre y echó dos pequeñas monedas de cobre. Estas monedas tenían muy poco valor monetario; sin embargo, a los ojos de Dios, esta mujer había dado mucho más que todos los que habían ofrendado aquel día. ¿Por qué? Porque ella había dado todo lo que tenía, todo su sustento. Jesús dijo:

De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su sustento (Marcos 12:43–44).

¿A Quien Debemos Ofrendar? En Su Palabra, Dios nos dice a quién debemos ofrendar: Debemos ofrendar a nuestra iglesia local.

Por lo común, la mayor parte de nuestras dádivas debemos dar a nuestra iglesia local si es una iglesia donde se enseña fielmente la Biblia y donde Cristo es exaltado. Dios ha ordenado que Su iglesia y Sus ministros vivan de las dádivas de Su pueblo. La Biblia dice: Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio (1 Corintios 9:14).

Debemos ofrendar a aquellos que nos han ayudado espiritualmente.

En la Palabra de Dios se nos dan instrucciones de compartir nuestro dinero con aquellos que nos han enseñado la Palabra de Dios y nos han ayudado espiritualmente.

La Biblia dice: El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye (Gálatas 6:6).

Debemos dar a los necesitados.
Debemos dar a los necesitados, especialmente a los que son creyentes. Ésta es una forma con la cual podemos demostrar que tenemos el amor de Dios en nuestro corazón. La Biblia dice: Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? (1 Juan 3:17).

Por regla general, nuestro ofrendar para los necesitados debe ser a través de la iglesia local. Toda ofrenda debe ser con sencillez y sin atraer ninguna atención a nosotros mismos. La Biblia nos enseña que el que da, debe hacerlo con sencillez y sin interés propio. (Romanos 12:8).

Debemos ofrendar a quienes están llevando el evangelio a los inconversos.
Cada cristiano tiene la responsabilidad de llevar el evangelio a los inconversos. El mandamiento de Dios para nosotros es: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura (Marcos 16:15). Si no podemos ir nosotros, debemos tomar como privilegio el ayudar a sostener misioneros que están llevando el evangelio a quienes nunca han aceptado a Cristo.

Ofrendar es Sembrar
Ofrendar no es tirar el dinero a la calle, es sembrar. Cuando sembramos semillas, no las estamos tirando; sino las estamos sembrando para poder cosecharlas más tarde. La cantidad de la cosecha depende de cuanto hayamos sembrado. Ésto es cierto también respecto a ofrendar. Escribiendo a la iglesia de Corinto respecto a las ofrendas, Pablo dijo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará (2 Corintios 9:6).

Dios quiere proveer dinero para el mantenimiento de Sus iglesias y para enviar a Sus siervos a predicar a los inconversos del mundo. ¿Cómo hace Dios esto? El nos da dinero para que podamos ofrendar para Su obra. El quiere ayudarnos a ser generosos. La Biblia dice: Poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra (2 Corintios 9:8).

El Señor Jesucristo mismo es nuestro ejemplo en este asunto de ofrendar. La Biblia dice: Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos (2 Corintios 8:9).

Haciendo Amistades Eternas
El Señor Jesús enseñó a menudo a Sus discípulos por medio de parábolas. Una parábola es una historia corta que contiene una o más verdades espirituales.

En San Lucas 12:16–21, el Señor Jesús cuenta de un hombre rico que tenía muchos bienes. Sus tierras dieron una cosecha tan grande que no tenía dónde guardarla. Se dijo: “Ya sé lo que voy a hacer. Voy a derribar mis graneros y hacer otros más grandes y allí guardaré toda mi cosecha y todo lo que tengo". Entonces diré a mi alma:“Alma mía, tienes muchos bienes guardados para muchos años; descansa, come, bebe, alégrate”. Pero Dios le dijo: “Necio, esta misma noche vas a morir; y lo que tienes guardado, ¿de quién será?”

Jesús dijo, Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios (Lucas 12:21). Si deseamos ser ricos para con Dios, debemos ser buenos mayordomos de todo lo que Dios nos ha dado. Debemos siempre tener presente que:

La vida es una administración, no una propiedad. 

Todo lo que tenemos pertenece a Dios. No somos dueños de nada. Somos sencillamente administradores de Dios, usando lo que El nos ha encargado. La Biblia nos enseña que si no podemos ser fieles en las cosas pequeñas, no se nos darán responsabilidades grandes. Si no somos fieles en administrar un poco de dinero, ¿cómo podemos esperar que Dios nos entregue mucho dinero?

El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto (no tiene honradez), también en lo más es injusto (Lucas 16:10, ver también los versículos 11–13).
Un día tendremos que dar cuenta de nuestra mayordomía.

Dios nos ha dado vida, salud, talentos, habilidades, dinero y muchas cosas más. Un día tendremos que darle cuenta de todo lo que Él nos ha entregado. El oír Su voz diciéndonos, “Bien hecho, buen siervo y fiel”, valdrá mucho más que cualquier otra cosa que este mundo nos pueda ofrecer.

Ganar a otros para Cristo es el más sabio y mejor uso que se le puede dar al dinero. En San Lucas 16:9, el Señor Jesucristo dijo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas (el dinero), para que cuando éstas (las riquezas) falten, os reciban (los amigos que has ganado) en las moradas eternas.

Lo que el Señor está diciendo aquí, es que debemos usar nuestro dinero para hacernos amigos eternos, para que estos amigos, los que hemos ayudado a aceptar a Cristo, puedan estar allá para recibirnos cuando lleguemos al Cielo.

Se cuenta la historia de un anciano en Inglaterra, quien aproximaba a los ochenta años.

No sabiendo qué regalarle para su cumpleaños, sus hijos y parientes decidieron juntar el dinero designado para comprarle regalos y entregarle toda esa cantidad para que él comprara lo que deseara.
Entre todos juntaron una suma equivalente a E.U. $2.400, más o menos. Cuando le contaron ésto, el anciano preguntó: “¿Quieren decir que reunieron todo este dinero y que yo puedo hacer lo que quiera con él?” Cuando le aseguraron que así era, él dijo:“Quiero que este dinero se use para imprimir la Biblia en el idioma de alguna tribu que nunca la ha tenido en su propia lengua”.

Los parientes consultaron con la Sociedad Bíblica de Inglaterra. Un oficial allí les dijo: “¡Ésto es asombroso! Unos misioneros en el Africa han trabajado por años traduciendo la Biblia a un nuevo lenguaje. Acabamos de recibir el manuscrito”.
Cuando le preguntaron cuánto costaría imprimir las Biblias en este nuevo idioma, el oficial les contestó: “Cerca de tres mil dólares”. Rápidamente los familiares hicieron colecta nuevamente y reunieron el resto del dinero.

Dentro de poco tiempo las Biblias fueron impresas y enviadas a aquella tribu africana que jamás había tenido la Palabra de Dios en su propia lengua. Muchos llegaron a conocer a Cristo como Salvador a través de la lectura de la preciosa Palabra de Dios. (1) Imaginemos a este caballero anciano unos años más tarde cuando entró al Cielo. Muchos de esta misma tribu africana ya se habían muerto y estaban en el Cielo. Al entrar el anciano lo recibe un grupo de gente que le da la bienvenida y lo abrazan diciendo, “Tú eres nuestro amigo. Te estábamos esperando”. Él los mira con sorpresa y les dice: “Pero no los conozco, ¿quiénes son ustedes?”

“Tal vez tú no nos conozcas”, le dicen, “pero nosotros te conocemos a ti. Tú eres aquel que hizo posible que tuviéramos la Palabra de Dios en nuestro propio idioma. Si no hubiera sido por ti, no estaríamos en este bellísimo lugar. ¡Tú eres nuestro amigo por toda la eternidad!” ¿Habrá alguien que me reciba dándome la bienvenida en el Cielo?

Llegará un día en que nuestro dinero será inútil y sin significado. El día llegará en que nuestra mayordomía habrá terminado. En el poco tiempo que nos queda, debemos usar nuestro dinero para ganar a otros para Cristo y hacer así amistades eternas. Ésta es la mejor y más sabia manera de usar el dinero.

Cada uno de nosotros debe preguntarse: “¿Soy un buen mayordomo de todo lo que Dios me ha encargado? ¿Estoy usando mi dinero para hacerme de amigos eternos? ¿Habrá alguien que me reciba dándome la bienvenida en el Cielo y diciéndome: “Si no hubiera sido por ti, yo no estaría en este bellísimo lugar. Tú eres mi amigo por toda la eternidad.”?


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martes, 30 de junio de 2015

"¿La Historia de Caín y Abel en La Tierra donde nacieron, preguntas sobre Cain y Abel,?

Caín y Abel, (Génesis 4:1-8)


Y el hombre conoció a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín, y dijo: He adquirido varón con la ayuda del Señor. Después dio a luz a su hermano
Abel.

Y Abel fue pastor de ovejas y Caín fue labrador de la tierra. Y aconteció que al transcurrir el tiempo, Caín trajo al Señor una ofrenda del fruto de la tierra. 

También Abel, por su parte, trajo de los primogénitos de sus ovejas y de la grosura de los mismos. Y el Señor miró con agrado a Abel y a su ofrenda, pero a Caín y su ofrenda no miró con agrado. Y Caín se enojó mucho y su semblante se demudó. Entonces el Señor dijo a Caín: 

¿Por qué estás enojado, y por qué se ha demudado tu semblante? Si haces bien, ¿no serás aceptado? Y si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo. Y Caín dijo a su hermano Abel: vayamos al campo. Y aconteció que cuando estaban en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató.

La maldición de Caín (Génesis 4:9-15)

Entonces el Señor dijo a Caín: ¿Dónde está tu hermano Abel? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano? Y El le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Ahora pues, maldito eres de la tierra, que ha abierto su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando cultives el suelo, no te dará más su vigor; vagabundo y errante serás en la tierra. Y Caín dijo al Señor: Mi castigo es demasiado grande para soportarlo. He aquí, me has arrojado hoy de la faz de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré vagabundo y errante en la tierra; y sucederá que cualquiera que me halle me matará. Entonces el Señor le dijo: No será así; puescualquiera que mate a Caín, siete veces sufrirá venganza. Y puso el Señor una señal sobre Caín, para que cualquiera que lo hallase no lo matara.

Descendientes de Caín (Génesis 4:16-24)

Y salió Caín de la presencia del Señor, y se estableció[l] en la tierra de Nod, al oriente del Edén. Y conoció Caín a su mujer, y ella concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad y la llamó Enoc, como el nombre de su hijo. A Enoc le nació Irad, Irad engendró a Mehujael, Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec. Lamec tomó para sí dos mujeres; el nombre de una era Ada, y el nombre de la otra, Zila. Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas y tienen ganado. Su hermano se llamaba Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan la lira y la flauta. Y Zila a su vez dio a luz a Tubal-caín, forjador de todo utensilio de bronce y de hierro; y la hermana de Tubal-caín era Naama. Y Lamec dijo a sus mujeres:

Ada y Zila, oíd mi voz; mujeres de Lamec, prestad oído a mis palabras, pues he dado muerte a un hombre por haberme herido, y a un muchacho por haberme pegado. Si siete veces es vengado Caín,
entonces Lamec lo será setenta veces siete.

Nacimiento de Set (4:25-26) 

Y conoció Adán otra vez a su mujer; y ella dio a luz un hijo y le puso por nombre Set, porque, dijo ella: Dios me ha dado otro hijo en lugar de Abel, pues Caín lo mató. A Set le nació también un hijo y le puso por nombre Enós. Por ese tiempo comenzaron los hombres a invocar el nombre del Señor.

"¿De quién temía Caín cuando mató a Abel? "En Génesis 4:13-14, poco después de que él mató a su hermano Abel, "Caín dijo a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará." 

¿De quién exactamente temía Caín? Las únicas personas mencionadas en el libro de Génesis hasta este punto son Adán y Eva (los padres de Caín) y Abel (que ya estaba muerto). ¿Quién posiblemente sería una amenaza a Caín?

Es importante reconocer que Caín y Abel eran adultos maduros en el momento que Caín mató a Abel. Tanto Caín y Abel eran agricultores que tendían a sus propias tierras y rebaños (Génesis 4:2-4). La Biblia no nos dice cuál era la edad de Caín y Abel, pero es muy probable que pudieron haber sido en sus años 30 o 40.

La Biblia no menciona específicamente que Adán y Eva tuvieron hijos entre Abel y Set (Génesis 4:25). Sin embargo, es altamente improbable que los dos seres humanos más perfectos en la historia de la humanidad, Adán y Eva, no tendrían hijos durante varias décadas. Adán y Eva tuvieron muchos hijos después de Set (Génesis 5:4), así que ¿por qué no habrían tenido otros hijos entre Abel y Set?

La Biblia no dice que Set era el primer hijo de Adán y Eva, o incluso el primer varón nacido, después del asesinato de Abel. Por el contrario, afirma que Set nació como un "reemplazo" para Abel. Génesis el capítulo 5 traza la genealogía de Set. Antes de su muerte, Abel era probablemente el hijo "elegido" que eventualmente produciría el Mesías (Génesis 3:15). Es en este sentido que Set "reemplazó" a Abel.

De este modo, ¿de quién tenía miedo Caín? Caín tenía miedo de sus propios hermanos, hermanas, sobrinos y sobrinas, que ya nacieron y serían capaces de buscar la venganza. El hecho de que Caín tuvo una esposa (Génesis 4:17) ofrece más evidencia que Adán y Eva tuvieron otros niños después de Caín y Abel, pero antes de Set.

"¿Quién fue la esposa de Caín?" La Biblia no dice específicamente quién fue la esposa de Caín. La única respuesta posible es que la esposa de Caín fue o su hermana, o sobrina, o sobrina nieta, etc. La Biblia no dice la edad de Caín cuando mató a Abel (Génesis 4:8). 

Los dos eran granjeros, es probable que ambos hayan sido adultos maduros, posiblemente con sus propias familias. Adán y Eva sin duda tuvieron más hijos que solamente Caín y Abel en el momento en que Abel fue asesinado – definitivamente ellos tuvieron muchos más hijos (Génesis 5:4). 

El hecho de que Caín estaba asustado por su propia vida luego de que mató a Abel (Génesis 4:14), indica que probablemente en ese tiempo hubieron muchos otros hijos y tal vez aún nietos o bisnietos de Adán y Eva. La esposa de Caín (Génesis 4:17) fue una hija o nieta de Adán y Eva.

Debido a que Adán y Eva fueron los primeros (y únicos) seres humanos, sus hijos no habrían tenido otra opción que casarse entre parientes. Dios no prohibió el matrimonio entre familias sino muchísimo más tarde, cuando hubo suficiente gente, y el matrimonio entre parientes ya no fue necesario (Levítico 18:6-18). 

La razón por la que el incesto a menudo resulta en anormalidad genética en los hijos, es que si dos personas de genética similar (i.e. hermano y hermana) tienen niños – es más probable que resulten deficiencias genéticas, porque ambos padres tienen las mismas deficiencias. 

Cuando gente de diferentes familias tienen niños – es muy poco probable que ambos padres tengan las mismas deficiencias genéticas. El código genético humano se ha vuelto cada vez más “contaminado” a través de los siglos, las deficiencias genéticas se han multiplicado, se han ampliado, y se han transmitido de generación en generación. 

Adán y Eva no tuvieron ninguna deformación genética. Eso posibilitó a las primeras generaciones de sus descendientes, tener una más alta calidad de salud, de la que la tenemos ahora. Los hijos de Adán y Eva tuvieron pocas deficiencias genéticas, si las tuvieron. Como resultado, para ellos fue seguro casarse entre parientes. 

Puede parecer extraño o aún indecente pensar que la esposa de Caín fuera su hermana. En el principio, desde que Dios comenzó con un hombre y una mujer, la segunda generación no tendría otra elección, sino casarse entre sí.

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"El Antiguo Testamento", Estudio Biblico


"El Antiguo Testamento"

El Antiguo Testamento está dividido en cinco secciones: el Pentateuco (de Génesis a Deuteronomio), los libros Históricos (de Josué a Ester), los libros Poéticos (de Job a Cantares), los Profetas Mayores (de Isaías a Daniel), y los Profetas Menores (de Oseas a Malaquías).

El Antiguo Testamento fue escrito aproximadamente desde el 1400 a.C. hasta el 400 a.C. El Antiguo Testamento fue escrito inicialmente en hebreo, con unas pocas secciones escritas en arameo (esencialmente una variación del hebreo).

El Antiguo Testamento trata principalmente de la relación entre Dios y la nación de Israel. El Pentateuco trata de la creación de Israel y Dios estableciendo una relación de pacto con Israel. Los libros históricos registran la historia de Israel, sus victorias y éxitos junto con sus derrotas y fracasos.

Los libros poéticos nos dan una visión más íntima de la relación de Dios con Israel y Su pasión porque Israel lo adore y lo obedezca. Los libros proféticos son el llamado de Dios a Israel para que se arrepienta de su idolatría e infidelidad y regrese a una relación de obediencia y fidelidad espiritual.

Tal vez un mejor título sería El Primer Testamento. La palabra “antiguo” tiende a dar la idea de “obsoleto” o “sin relevancia.” Eso no puede estar más alejado de la verdad. Un estudio del Antiguo Testamento es una tarea espiritualmente enriquecedora y que vale mucho la pena.

Abajo encontrarás enlaces (links) para la síntesis de varios libros del Antiguo Testamento. Sinceramente esperamos que nuestro estudio del Antiguo Testamento sea de beneficio para tu caminar con Cristo.

39 Libros del A.T.