lunes, 31 de agosto de 2015

ESTABLECER RELACIONES CORRECTAS, Segunda Parte

Como Tratar Con Los Problemas

Resultado de imagen para ESTABLECER RELACIONES CORRECTAS,Se hacen amigos conforme a nuestro desarollo humano a través de muchas acciones, pero pueden perderse con una sola. Debemos no sólo formar buenas relaciones, sino también mantenerlas. Debemos tratar con los problemas de relaciones humanas en la forma que Dios quiere. En esta lección consideraremos problemas tales como desacuerdos, ofensas, enemistades, barreras y rechazos.

Desacuerdos

Aunque somos miembros del cuerpo de Cristo, cada creyente es un individuo único. Habrá momentos en que no estaremos de acuerdo. No hay nada de malo en un desacuerdo, pero puede ser que resulte en grandes problemas. Veamos algunas cosas que debemos hacer cuando ésto sucede:

Debemos estar seguros de que nuestra actitud es correcta.

Podemos tener razón en lo que decimos, pero equivocados en la forma en que lo decimos. Cuando nuestra actitud o nuestro carácter es malo, Dios dice que somos nosotros los que andamos mal.

Las malas actitudes vienen de pensamientos equivocados. La Biblia dice que nuestra “sabiduría” proviene de una de estas dos fuentes: Puede venir de Dios o puede venir de Satanás. Si tenemos amargura y contiendas en el corazón, podemos estar seguros que nuestra “sabiduría” es de Satanás. La Biblia dice:

Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto (de Dios), sino terrenal, animal, diabólica (de Satanás) (Santiago 3:14–15).

Si nuestra sabiduría es de Dios, seremos mansos y llevaderos. La Biblia dice:

Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía (Santiago 3:17).

Debemos controlar la lengua.

La Biblia dice: “El necio da rienda suelta a toda su ira”. Aunque la lengua es uno de los miembros más pequeños del cuerpo, hace más daño que todos los otros miembros juntos. La Biblia dice:

La lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal (Santiago 3:6–8).

Todos podemos recordar momentos en que hemos herido a otras personas con algo que hemos dicho. Las palabras hieren y siguen hiriendo. Necesitamos orar como el salmista:

Pon guarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mis labios (Salmo 141:3).

Debemos interesarnos en otros lo suficiente como para escucharles.

La comunicación es vital en cualquier relación significativa. Es especialmente importante poder comunicarte con la otra persona cuando hay un desacuerdo. Cuán tristes son las palabras: “él (o ella) sencillamente no quiso escucharme”.

Por lo común es difícil tratar con un problema cuando alguien está enojado y perturbado. En esta situación, lo mejor que uno puede hacer es escuchar.

Cuando una persona está perturbada y molesta, sus emociones pueden compararse con un globo que está inflado al máximo. Si no tiene escape y la presión continúa, es seguro que estallará. Pero si tú escuchas atentamente sin interrumpir, el “globo” se desinflará y la presión habrá desaparecido. Entonces podrán tratar el problema.

Debemos tratar sinceramente de ver las cosas desde el punto de vista de la otra persona.

Hay una razón por la cual la otra persona piensa y actúa como lo hace. Trata tú sinceramente de ponerte en su lugar y ver las cosas desde su punto de vista. Podrías encontrar que es ella quien tiene razón y no tú.

Las Ofensas

Los cristianos debemos aprender a ser pacientes con los demás no dándonos por ofendidos fácilmente. La Biblia dice: “El amor es sufrido, es benigno”. Pero habrá ofensas. La regla básica para tratar con las ofensas es buscar a la persona y a solas arreglar las cosas.

Hay dos clases de ofensas con que debemos tratar: (1) las que nosotros cometemos contra otras personas, y (2) aquellas que otros cometen contra nosotros. Veamos como podemos arreglar cada una de ellas.

Ofensas que yo he cometido contra otra persona.

Cuando yo he cometido una ofensa contra otra persona, soy responsable de reconciliarme con ella. El Señor Jesús dijo:

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda (Mateo 5:23–24).

Cuando estamos equivocados, una disculpa completa y sincera ayudará mucho para que todo quede arreglado. Para pedir perdón correctamente, debo:

1. Aceptar toda la responsabilidad por mi ofensa, sin echarle la culpa a nadie más.

2. Decir cuál fue la ofensa.

3. Pedir a la persona que me perdone y esperar su respuesta.

Desde luego, si he causado pérdida a alguien, debo también hacer la restitución correspondiente.

Ofensas que otra persona ha cometido contra mí.

Cuando otra persona me ha ofendido, mi primera responsabilidad es buscarle ella y hablarle a solas de su falta. Jesús dijo:

Por tanto, si tu hermano peca contra ti, vé y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano (Mateo 18:15).

Cuando alguien nos ha ofendido, nuestra reacción natural es contarle a otra persona cómo fuimos maltratados. Éste es un grave error. No debemos decir nada a nadie hasta que hayamos hablado con quien nos ofendió. Debemos darle una oportunidad de disculparse o en caso de un malentendido, de explicarse.

Ya sea que nosotros hayamos ofendido a alguien o que hayamos sido ofendidos, lo que hay que hacer es buscar a la persona y arreglar cuentas a solas. Cuando dos personas tienen problemas entre sí, pueden resolverlos humillándose ante Dios, perdonándose mutuamente y olvidando el asunto.

Cuando me acerco a alguien para arreglar cuentas, debo ir con la actitud correcta. Mi objetivo no es hacer que él se disculpe conmigo, sino restaurar su comunión con Dios y conmigo. Si se arrepiente, debo perdonarle. El Señor Jesús dijo:

Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale (Lucas 17:3).

En una ocasión Pedro le preguntó a Jesús: “Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?” Jesús respondió a Pedro:No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete (Mateo 18:21–22).

Jesús está enseñándonos en este pasaje que debemos perdonar en forma ilimitada. Perdonar“setenta veces siete” no significa que debemos perdonar a nuestro hermano hasta 490 veces y nada más. No, el Señor nos está enseñando aquí que el perdón debe llegar a ser una costumbre en nosotros. No debemos contar el número de veces que perdonamos.

Recuerda, Jesús dijo que es imposible estar bien con Dios a menos que hayamos pedido perdón a aquellos a quienes hemos ofendido, y también que hayamos perdonado a quienes nos han ofendido a nosotros. Para una comprensión mayor de la enseñanza del Señor sobre como arreglar las ofensas, lee los capítulos 5 y 18 de San Mateo y el capítulo 17 de San Lucas.

La Enemistad y las Barreras

Cuando las ofensas no se arreglan correctamente, surgen enemistades y barreras entre las personas involucradas. La enemistad es un sentimiento de mala voluntad u hostilidad hacia otra persona. Las barreras son como una “muralla” entre las personas. Donde existen enemistades y barreras, no hay compañerismo ni una comunicación verdadera.

Para comprender como Dios trata con las enemistades y las barreras, debemos ver el mismo comienzo de la iglesia. Al principio, la iglesia se componía únicamente de creyentes judíos. Más tarde el evangelio fue predicado a los gentiles (aquellos que no eran judíos) y muchos de ellos creyeron y fueron agregados a la iglesia.

Esto causó un problema debido a la larga enemistad y barreras que existían entre los judíos y los gentiles. Los judíos se consideraban superiores a los gentiles y ni siquiera comían con ellos. Los gentiles despreciaban igualmente a los judíos.

¿Cómo arregló Dios el problema de la enemistad y barreras que existían entre judíos y gentiles? ¡Trató con ellas por medio de la cruz! La Biblia nos dice que todos los creyentes, tanto judíos como gentiles, fueron crucificados con Cristo. De los creyentes judíos y gentiles, Dios hizo “un solo y nuevo hombre”. Jesucristo mismo es la Cabeza, y los creyentes forman Su cuerpo espiritual.

Por Su muerte, el Señor Jesucristo derrumbó las barreras y acabó con la enemistad que existía entre judíos y gentiles. La Biblia dice:

Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación (las barreras), aboliendo en su carne las enemistades . . . para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades (Efesios 2:14–16).

Esto es verdad, no sólo para los judíos y gentiles del primer siglo, sino para todos los creyentes. Nosotros también hemos sido crucificados con Cristo para que podamos ser miembros del cuerpo único de Cristo.

Por medio de la cruz, Cristo ha derrumbado toda barrera que nos separa a unos de otros. Por su muerte en la cruz, Él ha “matado” toda enemistad entre creyentes. Cristo ha hecho a cada creyente uno con Él mismo y uno con los demás creyentes.

Jesucristo sufrió y murió, no sólo para llevarnos a Dios, sino también para que tuviéramos una relación más sana los unos con los otros. El permitir cualquier barrera o enemistad interponerse entre otro creyente y yo es un pecado que niega la obra de Cristo en la cruz.

El Rechazo

En cuanto a nuestra relación con otra persona, podemos tener una de estas dos actitudes básicas: (1) una actitud de Rechazo o (2) una actitud de Aceptación.

Rechazar a otra persona significa que no la aceptas tal como es. El rechazo es una actitud que dice: “Si quieres que te acepte, debes cambiar todo lo que no me agrada”.

Aceptar a otra persona significa que voluntariamente la aceptas tal cómo es, sin ponerle condiciones. No significa que tú no ves sus defectos ni que apruebas todo lo que hace. Simplemente significa que la aceptas en la misma forma en que Cristo te ha recibido a ti. La Biblia dice:

Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios (Romanos 15:7).

La razón por la que debemos aceptarnos unos a otros es porque Cristo nos ha recibido a nosotros. Él murió por nosotros cuando aún éramos pecadores. Él no nos dijo: “Yo no los recibiré hasta que hayan cambiado”. No, Él nos recibió total y gratuitamente tal como éramos y nos dio todos los privilegios y beneficios de un hijo de Dios. Esta es la actitud que Dios quiere que tengamos hacia los demás.

Que nos demos cuenta de ello o no, la actitud que tenemos hacia otra persona tiene un profundo efecto sobre ella.

*La actitud de rechazo hacia una persona impide que el amor de Dios fluya de ti mismo hacia esa persona. Tiende a “amarrarla” y a impedir que ella llegue a ser lo que Dios quiere que sea.

*La actitud de aceptación hacia una persona permite que el amor de Dios fluya a través de ti hacia esa persona. Tiende a “liberarla” para que pueda ser lo que Dios quiere que sea.

Un padre cristiano relata cómo Dios obró en su vida y en la vida de su hijo:

“¿Tengo que ir?”, preguntó con resentimiento nuestro hijo de 15 años, arrastrando sus pies en el suelo. “Quiero quedarme en casa con mis amigos. Además el auto irá lleno . . . ¿y quién quiere viajar 1,000 kilómetros apretados como sardinas en un auto viejo y feo?”

Esta expresión de ira latente de parte de mi hijo Roberto, indicaba precisamente el problema creciente que amenazaba últimamente nuestras relaciones. En lo más profundo, mi corazón guardaba un resentimiento creciente en contra de Beto. No me gustaban sus amigos, ni la forma en que se peinaba y me molestaba sobremanera la música que le gustaba. La comunicación entre nosotros había empezado a ser muy tirante.

Beto nos acompañó de mala gana, y de algún modo pasamos esa semana. Pero al volver a casa, como padres, nos pusimos de rodillas ante Dios. “Señor,” oramos,“sabemos muy bien que ésto puede llevarnos a un desastre, afectando no sólo a Beto. Seguramente otros también serán heridos si continúa con su rebeldía. No podemos dejarle seguir así. Dios, Tú tienes que darnos la respuesta,” suplicamos. “Por favor, muéstranos la solución”.

Yo no estaba preparado en lo absoluto para la respuesta de Dios. Él enfocó Su luz penetrante en las actitudes de mi corazón, y lo que había estado oculto por tanto tiempo, de pronto se hizo dolorosamente evidente. “Mientras escojas rechazar, resentir y condenar a Beto, Mis manos están atadas,” sentí que Dios me decía. “Te interpones en el camino y no puedo ayudar a tu hijo. Tú eres el problema verdadero”.

“Oh, Dios mío,” gemí conturbado. Él continuó examinándome. “Cuando Yo te acepté en Mi Hijo Jesucristo ¿te pedí que fueras santo y recto antes de aceptarte? ¿Acaso no había muchas cosas en tu vida que me desagradaban? Sin embargo te amé y te acepté por amor a Mi Hijo”.

Yo luché mucho con lo que dijo a continuación: “¿Te acercarás ahora a tu hijo y le confesarás tus actitudes equivocadas, tus resentimientos, críticas y rechazo? ¿Le pedirás perdón por tu pecado contra él?”

“Pero, Señor,” protesté. “¡Él se ha puesto rebelde y está equivocado!”

“Me doy cuenta de éso, hijo mío, y tengo el remedio, pero eres tú el problema mayor. ¿Qué me dices de éso? Puedo esperar todo el tiempo que me hagas esperar, pero si rehúsas humillarte, no puedo prometerte que no perderás a tu hijo”.

Mientras yo luchaba con la propuesta de Dios, el asunto quedó penosamente claro y aunque no tenía ninguna promesa de lo que le sucedería a mi hijo, entendí lo que yo, su padre, tenía que hacer. Dios no me pedía que aceptara la rebeldía de mi hijo. Me estaba pidiendo que lo amara y lo aceptara genuina e incondicionalmente, tal como era y no como yo quería que fuese. Aunque la humillación me era muy dolorosa, de repente tuve mucho miedo de no dejar a Dios quebrantar mi voluntad. Las consecuencias para Beto y para mí serían sencillamente una carga demasiada pesada de soportar. Supe entonces que Dios esperaba primero mi sumisión y no la de mi hijo.

El padre contó lo que ocurrió cuando él obedeció a Dios:

Después de haber hablado con mi hijo nos abrazamos, y las lágrimas que corrían de mis ojos parecían borrar todo el resentimiento en contra a Beto. Luego sucedió algo sorprendente. Beto también comenzó a llorar y con el corazón quebrantado reconoció su rebeldía y nos pidió perdón. Entonces volviéndose hacia su madre y abrazándola, confesó con lágrimas su mala actitud hacia ella y le pidió perdón.

Han pasado dos años desde aquel día. La obra del Señor fue tan completa que, aunque yo he fallado de muchas maneras desde entonces, Beto ha seguido firme en los caminos de Dios.

Dios dice que Él no desecha un corazón quebrantado y contrito. Y sólo Dios sabe qué puede pasar cuando Su amor poderoso y redentor tiene rienda suelta en nuestra vida. ¡El poder de ese amor es dinamita! (1) ¡Arregla Cuentas con los Demás Ahora!

A medida que has ido leyendo esta lección, ¿ha hablado Dios a tu corazón acerca de alguna relación que no es lo que debería ser? Quizás hay alguna ofensa que se necesita aclarar. Puede arreglarse si tú te humillas y obedeces a Dios.

¿Hay alguna enemistad entre tú y otra persona? ¿Hay alguna barrera? El Señor Jesucristo sufrió y murió para poder “matar” la enemistad y quitar todas las barreras entre los creyentes.

La obediencia a Dios es el camino de bendición.

¿Hay rechazo en tu vida? ¿Eres un hijo o una hija que siente rechazo por tu padre o tu madre? ¿O eres un padre o madre que siente rechazo por tu hijo? Tal vez estés rechazando a tu esposa o esposo. Puede ser que tengas un hermano o hermana a quien has rechazado, o quizás sea otra persona. Quienquiera que sea, ¿abandonarás tu rechazo y permitirás que el amor de Dios fluya desde ti hacia esa persona?

La obediencia a Dios es el camino de bendición. Sea lo que sea que Dios te esté indicando ¿le obedecerás a Él?

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viernes, 28 de agosto de 2015

ESTABLECER RELACIONES CORRECTAS, Primera Parte

Haciendo Amigos Verdaderos

La soledad ha sido nombrada el problema más común de nuestros tiempos. Este mundo está lleno de gente solitaria. Una persona puede estar rodeada de gente y aún así sentirse sola, porque no tiene amigos verdaderos.

¿Por qué tenemos esa profunda necesidad de amigos?

La razón es que fuimos hechos con una necesidad de amistad y compañerismo. En cuanto al hombre que había creado, Dios dijo:

No es bueno que el hombre esté solo (Génesis 2:18). Somos seres sociables y necesitamos la compañía y el ánimo que nos proporcionan los amigos. El sentirse solo y rechazado puede hacer la vida casi insoportable.

La soledad ha sido nombrada el problema más común de nuestros tiempos. Este mundo está lleno de gente solitaria. Una persona puede estar rodeada de gente y aún así sentirse sola, porque no tiene amigos verdaderos. ¿Por qué tenemos esa profunda necesidad de amigos? La razón es que fuimos hechos con una necesidad. En esta lección aprenderemos un principio muy importante sobre la amistad. Aprenderemos cómo formar buenas relaciones.

La Influencia de los Amigos

No todas las amistades son iguales. En cuanto a nuestras relaciones con los demás, debemos comprender que hay dferentes niveles. Hay amistad con los:

conocidos - amigos ocasionales - amigos cercanos - amigos íntimos

Los conocidos y amigos ocasionales no tienen mucha influencia sobre nosotros, pero sí somos influidos por aquellos que escogemos como amigos cercanos y amigos íntimos.

Ésto nos lleva a un importante principio con relación a la amistad: Llegamos a parecernos a quienes escogemos como amigos.

Hay ciertos contactos sobre los cuales no tenemos control. Estos por lo general no tienen gran influencia sobre nosotros. Pero la gente que escogemos como amigos, aquellos con quienes pasamos voluntariamente el tiempo libre, sí nos influyen mucho. Esta influencia puede ser buena o mala, según el carácter de la persona. La Biblia dice:

El que anda con sabios, sabio será; Mas el que se junta con necios será quebrantado (Proverbios 13:20).

Algunas Amistades se deben Evitar

Al ver la necesidad del compañerismo, podríamos pensar que necesitamos todos los amigos que podamos tener. Pero ésto no es cierto. Es mejor no tener amigos que tener amigos malos. La Biblia nos dice claramente que debemos evitar ciertas amistades:

Debemos evitar la amistad intima con incrédulos.

Cuando una persona es recién salva, por lo general tiene muchos amigos no salvos. Los amigos no salvos presentan un grave peligro para un nuevo creyente. El peligro es que le alejarán de Dios y le atraerán nuevamente a la vida mundana. No puedes mantener una amistad profunda con un incrédulo sin ser influido por él y sin que llegues a parecerte a él en su punto de vista y en su conducta.

La Biblia dice:

No os dejéis engañar. Las malas compañías corrompen las buenas costumbres (1 Corintios 15:33, La Biblia de Las Américas).

Tal vez sigues queriendo a un antiguo amigo, pero ahora tu meta debe ser guiarlo a Cristo. Después de un tiempo, si él continúa rechazando a Cristo, tú no debes mantener esa amistad íntima con él. Si lo haces, te hará caer.

En una ocasión, una jovencita se acercó al gran predicador Charles H. Spurgeon. Le contó de una amistad intensa que sostenía con un joven incrédulo. Dijo que su meta era llevarlo a Cristo y que había decidido comprometerse con él dentro de poco.

En vista de que ella había venido a pedir su consejo, Spurgeon le pidió que se parara sobre una mesa. 

Luego le indicó que lo tomara de la mano e hiciera todo lo posible para subirlo a la mesa también. 

Ella lo intentó, pero desde luego no pudo hacerlo. Entonces Spurgeon le dijo: “Ahora, mire lo que sucede cuando trato de tirarla yo”. Con un solo y suave tirón, la hizo bajarse de la mesa. Spurgeon dijo: “Es fácil ser jalado hacia abajo, pero muy difícil jalar a alguien hacia arriba”. Con esto, la joven vio claramente lo que sucedería en su relación con el joven incrédulo.

Lo decimos de nuevo: no debes tratar de mantener una relación íntima con una persona no salva. Si lo haces, puede haber un solo resultado: serás derribado.

Debemos evitar la amistad con burladores y “necios”.

Dios nos advierte contra la amistad con burladores y “necios”. La palabra “necio” en la Biblia no se refiere a personas deficientes mentales, sino a personas tercas, que mantienen una actitud de rebeldía contra Dios y Su Palabra. Burladores son aquellos que hacen mofa de las cosas de Dios y se burlan de la Biblia. Debemos evitar andar con esas personas. David dijo:

Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado (Salmo 1:1).

Si queremos la bendición de Dios en nuestra vida, no debemos “andar en consejo de malos”; es decir, no debemos ni buscar ni aceptar su consejo. No debemos “estar en camino de pecadores” significa que no debemos ir a los lugares donde ellos van. Y no debemos“sentarnos en silla de escarnecedores”; es decir, no debemos tener compañerismo con aquellos que se ríen de la Biblia y desprecian las cosas de Dios.

Debemos evitar la amistad íntima con aquellos que tienen ciertos defectos de carácter.

La Biblia no sólo nos advierte en contra de asociarnos con burladores y necios, sino también nos advierte contra la amistad con aquellos que presentan ciertos defectos de carácter.

• El chismoso. Esta es la clase de persona que siempre tiene noticias negativas acerca de alguien y que las da con mucho gusto. La Biblia dice:

El que anda en chismes descubre el secreto; No te entremetas, pues, con el suelto de lengua (Proverbios 20:19).

• El criticón y descontento. Cuídate de hacer amistad con aquellos que tienen un espíritu de crítica y amargura, especialmente aquellos que son resentidos y rebeldes con los que están en autoridad. Si andas con ellos, te contagiarán ese espíritu crítico a ti.

• El de mal genio. La persona de mal genio no sabe controlar su ira. Si te juntas con ella, aprenderás sus modales. La Biblia dice:

No te entremetas con el iracundo, Ni te acompañes con el hombre de enojos, No sea que aprendas sus maneras, Y tomes lazo para tu alma (Proverbios 22:24–25).

• El inmoral. La Biblia nos dice que evitemos asociarnos con las personas inmorales (LeeProverbios 7). Si ando con aquellos cuyas normas y conducta son contrarias a la Palabra de Dios, voy por el camino de la destrucción. Una y otra vez, la Biblia nos advierte con este mensaje: llegamos a parecernos a aquellos que escogemos como amigos.

Aprende a Decir "NO"

Para tener amigos que te convienen, debes decir “no” a los amigos que no te convienen. La mayor lección que Dios quiere que saquemos del libro de Proverbios es ésta: no permitas que otras personas te induzcan a hacer lo malo. La Biblia dice:

Hijo mío, si los pecadores te quisieran engañar, No consientas (Proverbios 1:10).

Una de las palabras más importantes que debemos aprender a decir, es la pequeña palabra de dos letras: “no”. Debemos aprender a decirla amigable, firme y definitivamente.

Cuando se te pide hacer algo que viola las convicciones que Dios te ha dado, di “No” y al mismo tiempo identifícate con Jesucristo. Eso termina con el asunto. Aquí hay un ejemplo de lo que queremos decir:
El amigo: “¡vamos, hagamos tal cosa!”

Tú (sonriendo): “no, gracias”.

El amigo: “oye, ¿Por qué no?”

Tú (sonriendo): “porque le he entregado mi vida al Señor Jesucristo”.

He aquí, el relato verdadero de un cristiano que no pudo decir “No”:

Antes que Tomás llegara a ser cristiano, le gustaba mucho beber cerveza con sus amigos en la cantina local.


Luego Tomás se hizo creyente y todo cambió. Ya no quería ir a la cantina y a sus amigos no les gustó esto. Lo molestaban e insistían hasta que al fin Tomás cedió. Pronto andaba con sus amigos bebedores de nuevo. Eso le dio a Satanás la ocasión que esperaba.

Una noche Tomás y sus amigos jugaron “gallina” (reto con automóviles), y Tomás perdió. Su automóvil se dio vueltas y luego chocó. Los amigos de Tomás lo sacaron del auto y lo tendieron en el suelo. Estaban demasiado borrachos como para darse cuenta de que debían esperar que llegara un médico.

Tomás se rompió la columna debajo del cuello. Pasó muchos días en el hospital con pesas atadas a sus caderas, piernas y brazos. Los días tormentosos y las largas noches de tristeza y cansancio se sucedían unos a otros en agobiante secuencia.

Actualmente Tomás tiene que usar una silla de ruedas para movilizarse. Jamás volverá a caminar. Tiene aparatos especiales que substituyen la función de las manos, que están ahí pero no se mueven.
¿Se reconcilió con el Señor Jesucristo? No lo sé. Sólo sé cómo sufrió y cómo sufrí yo con él ya que yo fui su enfermera en el hospital.*

Las Amistades que Necesitamos

Hemos visto cómo los amigos pueden influir en nosotros para mal. También es verdad que los buenos amigos pueden influir para bien. Pero, ¿cómo conseguir amigos buenos?

Solemos creer que el tener un buen amigo depende de que encontremos a la persona apropiada. Pero la Palabra de Dios nos enseña que depende más de que nosotros seamos la persona apropiada. En otras palabras, para tener un amigo apropiado, yo debo ser un amigo apropiado.

Consideremos ahora las cualidades que queremos y necesitamos en un verdadero amigo. A medida que vayamos viendo cada una de estas cualidades, preguntémonos: "¿soy yo esa clase de persona? 
¿Tengo esta cualidad en mi vida?”

• Necesito un amigo que ame al Señor Jesucristo.

Puesto que llegamos a parecernos a aquellos que escogemos como amigos, debemos cuidar que nuestros mejores amigos sean aquellos que conocen y que aman al Señor Jesús. David, un hombre “comforme al corazón de Dios”, escogió sus amigos sabiamente. David dijo:

Compañero soy yo de todos los que te temen y guardan tus mandamientos
(Salmo 119:63).

• Necesito un amigo que me ame y me acepte.

Una de las necesidades más profundas es la de ser aceptado y amado por alguien que sea importante para mí. Un conocido psicólogo dijo:

En todos los momentos de nuestra vida, debemos tener por lo menos una persona a quien le importemos y quien nos importe a nosotros. Si no la tenemos, no podremos suplir nuestras necesidades básicas.*

Cuando tenemos un amigo que nos ama y nos acepta como somos, nos sentimos libres para disfrutar de esa amistad. Para tener esa clase de amigo, yo también debo ser esa misma clase de amigo.

• Necesito un amigo que comparta mis problemas.

Un verdadero amigo está dispuesto a involucrarse en mis problemas y a compartir mis pesares. Si quiero esa clase de amigo, yo debo ser un amigo que comparta las cargas de los demás. La Biblia dice:

Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo
(Gálatas 6:2).

• Necesito un amigo que me sea leal.

Una característica de un verdadero amigo es que está ahí cuando lo necesitas. Puedes contar con él. ¿Soy yo esa clase de persona?

• Necesito un amigo que me anime.

Todos necesitamos que nos animen. Alguien ha dicho:“vivimos alentados por otros, y sin este aliento, morimos lenta, triste y airadamente”. ¿Animo yo a otras personas?

• Necesito un amigo que sea confiable.

Una amistad sólida se basa en la mutua honradez y confianza. Si quiero un amigo en quien puedo confiar, yo debo ser confiable.

• Necesito un amigo que sea sincero y franco conmigo.

Un verdadero amigo es alguien que me quiere y es franco conmigo, alguien a quien yo le importo tanto como para corregirme. La Bibla dice:

Fieles son las heridas del que ama (Proverbios 27:6).

• Necesito un amigo que sea considerado conmigo.

La atención o consideración es una cualidad que apreciamos en otras personas. En igual forma podemos estar seguros que los demás aprecian esa cualidad en nosotros. ¿Soy yo considerado con los demás?

Formando Buenas Relaciones

Hemos visto las cualidades que deseamos encontrar en un amigo. Consideremos ahora lasactitudes nuestras que pueden ayudarnos a formar buenas relaciones.

“Me acepto a mi mismo”.
Si no me he aceptado a mí mismo, me será difícil tener amigos y compartir mi fe con los demás.

Aceptarme a mí mismo no significa creer que yo sea todo lo que quiero o debo ser. Significa simplemente que me veo como una persona valiosa, creada por Dios, redimida por Dios y preciosa para Él. A la misma medida que aprendo a aceptarme a mí mismo, podré aceptar a otras personas y expresarles el amor de Dios.

“Te acepto a ti”.
Todo el mundo tiene una profunda necesidad interior de ser aceptado. Mostrando a los demás con mi
actitud y mis hechos que los acepto, abro la puerta para que ellos me acepten a mí.
“Creo que eres valioso”.

Una de las razones porque la gente fue atraída a Jesús era porque Él los estimaba. Él no consideraba a ninguna persona sin importancia. Veía en cada persona una creación de Dios muy especial y de gran valor para Él.

“Expresaré el amor de Dios hacia ti”.
El amor es el fundamento sobre el cual se edifica la amistad. A quienquiera que encontremos, podemos estar seguros de que Dios les ama y desea que nosotros les expresemos Su amor a ellos.

“Seré amistoso”.
Si queremos tener amigos debemos ser amistosos. La Biblia dice:

El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo (Proverbios 18:24).

“Eres importante para mi”.
Te harás de más amigos cuando te intereses genuinamente en las otras personas, que cuando trates de hacer que otros se interesen en ti.

Si estamos pensando constantemente en nosotros mismos o en lo que la gente piensa de nosotros, nos sentiremos incómodos y tímidos cuando estamos con otras personas.

Debemos pedirle a Dios que nos libre de nuestra preocupación por nosotros mismos, de modo que podamos acercarnos a los demás con amor y sincero interés. Si tu actitud necesita un cambio, puedes cambiarla con la ayuda de Dios.

Una forma de mostrar a la gente que nos importa, es escuchándoles. Una parte vital de una buena relación es compartir las cargas y buscar soluciones para los problemas. Ésto significa escucharles atentamente sin interrumpir. Es importante que desarrollemos esta virtud. Los que no saben escuchar no llegan a ser buenos amigos.

“Me comportaré con otros como quiero que se comporten conmigo”.
Jesús nos entregó la regla de oro para usar al relacionarnos con otras personas. ¿Cuál es? Es sencillamente ésto: trata a los demás como quieres que te traten a ti. Jesús dijo:

Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos . . . (Mateo 7:12).

Tú Necesitas Amigos Verdaderos

Necesitas por lo menos unos cuantos amigos íntimos de los que puedes depender. Si no los tienes, pídele a Dios que te guíe a aquellos que Él quiere que sean tus amigos. Hazte el propósito de ser tú un buen amigo para ellos. Haciendo esto, te encontrarás con que ellos llegarán a ser verdaderos amigos tuyos.

Al escoger los amigos, nuestra preocupación primordial debe ser que aquellos que van a influirnos más directamente, sean personas que conozcan y obedezcan al Señor Jesús. La amistad más fuerte y perdurable entre dos personas es aquella en la que ambas están creciendo espiritualmente y están procurando seguir a Dios y hacer Su voluntad. A la medida que los dos amigos se acerquen a Dios, se acercarán el uno al otro.

Recuerda siempre que el Señor Jesús es el mejor de todos los amigos. La Biblia dice:“Amigo hay más unido que un hermano”(Proverbios 18:24). Jesucristo mismo es ese amigo y Él debe ser tu más cercano e íntimo amigo. Pasando más tiempo con Él, llegarás a parecerte más a Él. La Biblia dice:

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor (2 Corintios 3:18).

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lunes, 24 de agosto de 2015

"¿Qué necesito saber - para sobrevivir al final de los tiempos?"


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A menudo la gente experimenta ansiedad (fobia) cuando piensa sobre el futuro; sin embargo, no debe ser así. Para aquellos que conocen a Dios, los pensamientos sobre el futuro les traen expectación y bienestar. Por ejemplo, describiendo a una mujer que conoce y confía en Dios, Proverbios 31:25 dice, “Y se ríe de lo por venir.” Hay dos pensamientos clave que se deben tener en mente en cuanto al futuro:


Primero, que Dios es soberano y está en control de todas las cosas. Él conoce el futuro y controla absolutamente todo lo que sucederá. La Biblia dice, “Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero; ...Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré.” (Isaías 46:9-11, énfasis añadido).

Lo segundo a recordar acerca del futuro, es que la Biblia subraya qué ocurrirá en “el final de los tiempos” o “los últimos días.” Puesto que la Biblia es la revelación de Dios para la humanidad, y puesto que Dios conoce y controla el futuro (como lo dice Isaías en los versos arriba citados), entonces hay razón para creer que cuando la Biblia habla acerca de lo que ocurrirá en el futuro, es porque así sucederá.

En cuanto a las predicciones acerca del futuro, la Biblia dice, “porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Pedro 1:21). Esta verdad es evidente por el hecho de que, a diferencia de las profecías falsas hechas por otras religiones o por individuos tales como Nostradamus, la Biblia jamás se ha equivocado.


Todas las veces que la Biblia ha predicho un evento futuro, ha sucedido exactamente como la Escritura dijo que sería. Al considerar cómo entender y sobrevivir en el final de los tiempos, contesta estas tres preguntas:

1. ¿Cómo debo interpretar lo que dice la Biblia acerca del futuro (profecía bíblica)?

2. ¿Qué dice la Biblia que sucederá al final de los tiempos?

3. ¿Cómo debe afectar lo que la Biblia dice respecto al futuro, la manera en que vivo hoy?


Como Interpretar la Profecía Bíblica Hay varias opiniones sobre los métodos que deben usarse cuando se interpretan pasajes concernientes al final de los tiempos. Mientras que hay gente buena que apoya diferentes creencias, hay una buena razón para creer que la profecía bíblica debe ser interpretada;

(1) literalmente,

(2) con una visión futurista, y

(3) en lo que es llamada una forma “premilenial.”


Apoyando la interpretación literal, está el hecho de que hay más de 300 profecías que se refieren a la primera venida de Cristo, todas las cuales se cumplieron literalmente. Las predicciones acerca del nacimiento, vida, traición, muerte y resurrección del Mesías, no fueron cumplidas alegóricamente o de manera espiritual.

Jesús literalmente nació en Belén, realizó milagros, fue traicionado por un amigo cercano por 30 piezas de plata, fue perforado en Sus manos y pies, murió entre ladrones, fue sepultado en la tumba de un hombre rico, y resucitó al tercer día de Su muerte.

Todos estos detalles fueron predichos cientos de años antes del nacimiento de Jesús y se cumplieron literalmente. Y, aunque hay simbolismos usados en varias profecías (p.ej., dragones, jinetes, etc.), todo ello retrata literalmente a seres o eventos, de manera similar en que se habla de Jesús como un león y un cordero.

Respecto a una visión futurista, la Biblia establece claramente que los libros proféticos como Daniel y Apocalipsis contienen no solo relatos de eventos históricos, sino también predicciones de eventos futuros. Después que se le dieron a Juan los mensajes para las iglesias de su tiempo, él recibió visiones concernientes a lo que ocurriría al final de los tiempos.

Se le dijo a Juan, “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas.” (Apocalipsis 4:1, énfasis añadido) Tal vez un argumento aún más fuerte para una visión futurista, incluye la promesa que Dios le hizo a Abraham (Génesis 12 y 15) concerniente a la tierra de Israel. Puesto que el pacto de Dios con Abraham fue incondicional, y Sus promesas aún no se han cumplido para los descendientes de Abraham, entonces la visión futurista de las promesas para Israel está garantizada.

Por último, respecto a la interpretación de la profecía de manera “premilenial,” significa primero, que la iglesia será Arrebatada, luego, que el mundo experimentará un período de siete años de Tribulación, y después, que Jesucristo regresará para reinar sobre la tierra, literalmente por un período de 1,000 años (Apocalipsis 20).

Pero, ¿qué dice la Biblia que sucederá antes de eso? ¿Qué Dice la Biblia que Sucederá al Final de los Tiempos? Tristemente, la Biblia predice una espiral descendente de catástrofes, pecado humano, y la apostasía religiosa antes de que regrese Cristo.

Pablo escribe, “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos …mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados.” (2 Timoteo 3:1, 13).

El mundo continuará rechazando a Dios, Su Palabra, y Su pueblo. Algún día en el futuro – un día que nadie conoce – Dios terminará la Era de la Iglesia que comenzó en el primer siglo con Pentecostés, (ver Hechos 2) con un evento conocido como el Arrebatamiento. En ese tiempo, Dios quitará del mundo a todos los creyentes en Cristo, como preparación para Sus juicios finales.

Acerca del Arrebatamiento, Pablo dice, “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor; que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” (1 Tesalonicenses 4:14-18). La erosión de la paz y el aumento de la agitación que precede al arrebatamiento, alcanzarán proporciones épicas cuando un sin número de personas desaparezcan de la tierra. Tal evento causará pánico y demandas por un líder poderoso que tenga todas las respuestas a los problemas del mundo.

La preparación para este líder ha estado ya gestándose por algún tiempo, como lo ha señalado el historiador Arnold Toynbee, “Abrumando a la humanidad con armas cada vez más letales, y al mismo tiempo haciendo al mundo cada vez más interdependiente económicamente, la tecnología ha llevado a la humanidad a tal nivel de angustia, que estamos listos para deificar a cualquier nuevo César que pueda tener éxito en conseguir la paz y la unidad mundial.”

Emergiendo de un revivido Imperio Romano, que esté organizado en forma de diez distritos electorales europeos (ver Daniel 7:24; Apocalipsis 13:1), el Anticristo se levantará y firmará un convenio con la nación de Israel, lo cual iniciará oficialmente la cuenta regresiva de los siete años profetizados por Dios, para la segunda venida de Cristo. (Ver Daniel 9:27). Durante tres años y medio, el Anticristo reinará sobre la tierra y prometerá la paz, pero será una paz falsa, la cual engañará a la gente del mundo.

La Biblia dice, “que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores de la mujer encinta, y no escaparán.” (1 Tesalonicenses 5:3). Guerras, terremotos, y hambrunas irán en aumento (ver Mateo 24:7) hasta el final de los tres años y medio del reinado del Anticristo, cuando entre en el reconstruido templo de Jerusalén y se proclame a sí mismo como Dios y demande adoración (ver 2 Tesalonicenses 2:4; Mateo 24:15). Es en ese momento cuando el verdadero Dios responderá al desafío.

Jesús predijo, “Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.” (Mateo 24:21-22). Una gran destrucción y pérdida de vidas sin precedente ocurrirá en el mundo durante la Gran Tribulación. Así mismo muchos vendrán a la fe en Cristo, aunque muchos lo harán a costa de sus vidas.

Dios aún estará en control mientras reúne a los ejércitos enemigos del mundo con el fin de juzgarlos. Sobre este evento, el profeta Joel escribió, “Reuniré a todas las naciones, y las haré descender al valle de Josafat, y allí entraré en juicio con ellas a causa de mi pueblo.” (Joel 3:2). Juan describe la batalla de esta forma: “Y vi salir de la boca del dragón (Satanás), y de la boca de la bestia (el Anticristo), y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso. . . . Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón.” (Apocalipsis 16:13-16).

En ese momento, Jesús el Mesías regresará, destruirá a Sus enemigos, y reclamará Su derecho sobre el mundo, el cual le pertenece. “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.

Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES. Y vi un ángel que estaba en pie en el sol, y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo:

Venid, y congregaos a la gran cena de Dios para que comáis carnes de reyes y de capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes. Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen.

Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos.” (Apocalipsis 19:11-21). Después de que Cristo haya derrotado a todos los ejércitos congregados en el valle del Armagedón, Él reinará con Sus santos por mil años y restaurará totalmente a Israel en su tierra.

Al finalizar de los mil años, ocurrirá un juicio final de las naciones y del resto de los humanos, lo que será seguido por una existencia eterna - ya sea con Dios o separados de Él (ver Apocalipsis 20-21). Los eventos anteriores no son especulaciones o posibilidades – son exactamente los que ocurrirán en el futuro. Así como todas las profecías bíblicas sobre la primera venida de Cristo se cumplieron, así se cumplirán también todas las profecías bíblicas sobre Su segunda venida.

Dada la veracidad de estas profecías, ¿qué impacto deberían tener en nosotros ahora? Pedro hace el siguiente planteamiento: “Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!” (2 Pedro 3:11-12). El Efecto de la Profecía Bíblica en Nosotros Hoy Hay cuatro respuestas que debemos tener ante la profecía bíblica.

La primera es obediencia, que es sobre lo que habla Pedro en los versos anteriores. Jesús nos dice continuamente que estemos listos para Su venida, la cual puede ocurrir en cualquier momento (Marcos 13:33-37) y vivir de tal manera que no nos avergoncemos de nuestro comportamiento.

La segunda respuesta es la adoración. Dios ha provisto una forma para escapar de Sus juicios finales – Su regalo de salvación ofrecido a través de Jesús. Debemos asegurarnos de recibir Su salvación y vivir en gratitud ante Él. Nuestra adoración en la tierra se convertirá un día en adoración en el cielo: “… y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación.” (Apocalipsis 5:9).

La tercera respuesta es la proclamación. El mensaje de Dios de salvación y la verdad de Su segunda venida, deben ser proclamados para que todos lo escuchen, especialmente aquellos que aún no creen. Debemos dar a todos la oportunidad de volverse a Dios y ser salvos de Su ira venidera. Apocalipsis 22:10 dice, “Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca.”

La última respuesta a la Palabra profética de Dios es el servicio. Todos los creyentes deben ser diligentes en cumplir la voluntad de Dios y hacer buenas obras. Parte de los juicios de Cristo serán sobre las obras realizadas por los creyentes. Ellas no determinan la aceptación de un cristiano en el cielo, pero sí, muestran lo que cada creyente hizo con los dones que le fueron entregados por Dios.

Pablo dice sobre este juicio, “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.” (2 Corintios 5:10). En resumen, Dios es soberano sobre todos los eventos y la gente del mundo. Él tiene el control absoluto de todo y llevará a cabo perfectamente todo lo que Él ha declarado. Una antigua canción cristiana lo dice de esta manera:

“Todo es creación de Dios….. Forjado por Una mano …. Satanás y la Salvación …. Bajo Un solo Mando.” La profecía cumplida es prueba de que la Biblia es un libro sobrenatural. Cientos de profecías del Antiguo Testamento ya se han cumplido, y es razonable concluir que lo que dice acerca del final de los tiempos, también se cumplirá. Para aquellos que conocen a Jesús y han confiado en Él como su Señor y Salvador, Su venida será una bendita esperanza (ver Tito 2:13).

Pero para aquellos que han rechazado a Cristo, Él será su terror santo (ver 2 Tesalonicenses 1:8). La conclusión es esta: para sobrevivir al final de los tiempos, asegúrate de ser un creyente en Cristo: “Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Tesalonicenses 5:9).
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